martes, 4 de septiembre de 2018

La escultura.

Tal vez no creerías si te dijese que había una civilización perdida que esculpía piedras lunares en honor a la diosa Ariadna y que habitaba en los confines del universo, se llamaba la civilización blanca debido a una joven princesa incorpórea cuyo cabello, ojos y piel eran completamente blancos. Muchos de los habitantes la temían pensando que era fruto del mal y que solo traería desgracia a su pueblo, pero para su ignorancia, Katrina era nada más y nada menos que la hija de la luna, aquella que les daba luz y vida, aquella que hacía prosperar sus negocios, sus cosechas... aquella quién les proporcionaba sabiduría y protección de otros seres de la galaxia. Pero tal era el miedo de los habitantes que un día le arrebataron la vida a la joven princesa. Enfurecida pues, la diosa Ariadna maldijo a todos los habitantes convirtiéndoles en rocas lunares, convirtió a su hija Katrina en estatua para preservar su belleza eternamente y que su cuerpo no llegase a descomponerse, coloco a las rocas a su alrededor formando una hermosa imagen como si de un ser astral se tratase y estuviese caminando entre meteoros de rocas lunares. Esta escena se mantuvo durante siglos, casi podría decirse que hasta milenios... hasta que un joven astronauta de otro planeta llegó en su nave en busca de civilizaciones perdidas en otras galaxias y planetas y encontró la escultura de la mujer más hermosa que sus ojos habían visto, quedó tan maravillado que acercó sus labios a los de la mujer, la piedra que la cubría empezó a desmoronarse y el astronauta se asustó pensando que el planeta estaba a punto de desintegrarse pero no fue así, no lo fue en absoluto... ¡Le había devuelto la vida a Katrina! Y con ella a los habitantes que fueron convertidos en rocas lunares, arrepentidos por lo sucedido tiempo atrás, organizaron las nupcias de Katrina y Zen y les entregaron parte de la energía de su cuerpo astral para que si en alguna ocasión cometían nuevamente un error que tomasen las riendas con su sabiduría. 

Un par de años después, Katrina y el joven astronauta, Zen tuvieron a su primera hija y resultó ser la reencarnación de la propia Ariadna, la diosa y madre de Katrina volvió a la vida tras muchas vidas de dolor.

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